Portal de Modelia Dos
Conjunto Residencial
  • CONVIVENCIA
    La armonía no se improvisa, se construye.

  • PORTAL DE MODELIA DOS
    Reglas justas hoy, tranquilidad mañana.

  • COMITÉ REVISOR DEL MANUAL DE CONVIVENCIA
    La convivencia es responsabilidad de todos.

Pilares de la Convivencia

Derechos

Facultades y garantías que tiene cada persona para disfrutar de su propiedad y de la vida en comunidad de manera digna, segura y respetuosa. En la convivencia, los derechos solo existen plenamente cuando están claramente definidos y protegidos por normas comunes. La ausencia de un manual de convivencia debilita este concepto, pues expone los derechos a interpretaciones subjetivas, decisiones arbitrarias y conflictos, afectando el equilibrio, la equidad y la confianza entre quienes comparten un mismo entorno.

Deberes

Son las responsabilidades que cada copropietario asume para garantizar una convivencia armónica, justa y respetuosa. Los deberes equilibran los derechos y permiten que la vida en comunidad funcione de manera ordenada. Cuando no existe un manual de convivencia, los deberes se vuelven difusos y pueden ser reinterpretados o impuestos de forma subjetiva, perdiendo su sentido colectivo y transformándose en exigencias arbitrarias. Definir claramente los deberes protege a las personas de abusos, previene conflictos y fortalece la corresponsabilidad dentro de la copropiedad.

Prohibiciones

Límites necesarios que definen hasta dónde llegan las actuaciones individuales dentro de una vida en comunidad. Más que una lista de restricciones, las prohibiciones protegen la convivencia, el respeto mutuo y el derecho de los demás. Cuando no existen reglas claras, estos límites se desdibujan y surgen conflictos, abusos o interpretaciones arbitrarias. Un manual de convivencia bien definido permite que las prohibiciones sean conocidas, objetivas y aceptadas colectivamente, evitando que se conviertan en imposiciones personales o decisiones autoritarias.

Sanciones

Medidas correctivas que se aplican únicamente cuando, pese a la existencia de normas claras, una persona desconoce o decide no respetar sus deberes y las prohibiciones establecidas. Las sanciones no buscan castigar, sino restablecer el orden, proteger la convivencia y garantizar la equidad entre los miembros de la comunidad. Sin un manual de convivencia aprobado colectivamente, las sanciones pierden legitimidad y pueden volverse arbitrarias, generando conflictos, desconfianza y afectando el equilibrio necesario para una vida comunitaria sana.

Acerca del Manual de Convivencia

  • Reglas claras para una convivencia armónica

    El manual de convivencia establece reglas de juego claras y conocidas por todos, necesarias para vivir en comunidad de manera respetuosa y equilibrada. Cuando las normas son explícitas, se reducen los conflictos, se fortalecen las relaciones entre vecinos y se promueve un ambiente basado en el respeto mutuo y la confianza.

  • Protección de derechos y deberes

    Un manual de convivencia no solo define obligaciones, también protege los derechos de cada copropietario. Al existir normas claras, se evita que los derechos sean vulnerados por interpretaciones subjetivas o decisiones arbitrarias, garantizando igualdad de condiciones y trato justo para todos los miembros de la copropiedad.

  • Prevención de conflictos y arbitrariedades

    La ausencia de normas fomenta la improvisación y la tolerancia de malas prácticas. El manual de convivencia actúa como una herramienta preventiva, que orienta la toma de decisiones, limita la arbitrariedad y brinda seguridad jurídica y convivencia pacífica a toda la comunidad.

  • Origen del proceso de revisión

    Tras el rechazo de un primer borrador poco organizado, la asamblea decidió crear un Comité Revisor del Manual de Convivencia, al cual se le encomendó la tarea de analizar y mejorar el documento presentado. Este mandato surgió de la necesidad de contar con una propuesta clara, estructurada y acorde con las realidades de la copropiedad.

  • Análisis, organización y ajuste legal

    La revisión se centró en estudiar cuidadosamente el contenido de la propuesta, reorganizarlo y justificar cada uno de sus articulados. Se unificaron disposiciones redundantes, se ajustaron aquellas susceptibles de mejora y se eliminaron normas que no aplicaban. Como parte fundamental de este proceso, se verificó que el contenido no fuera contradictorio con la Ley 675 de 2001 ni con el reglamento de propiedad horizontal, garantizando su legalidad, coherencia y viabilidad.

  • Socialización y construcción de consenso

    El contenido revisado será socializado con la comunidad a través de diversos canales de comunicación, como WhatsApp, correo electrónico, el sitio web y reuniones presenciales. Este proceso permitirá aclarar dudas, responder inquietudes y llegar a la asamblea con un criterio informado, facilitando una decisión consciente e infromada, y evitando discusiones desgastantes.

  • Una decisión informada y transparente

    La aprobación del manual se propone como una sola decisión sobre la totalidad del documento. Para ello, se respeta el debido proceso mediante una socialización previa, en la que todos los copropietarios pueden participar activamente aportando inquietudes y propuestas. Cada inquietud será respondida y cada idea evaluada, siempre dentro del marco legal. Esto permite que el análisis detallado se realice antes de la asamblea, evitando discusiones extensas y desgastantes en ese espacio decisorio.

  • Mayoría requerida: claridad normativa

    En la pasada asamblea se indicó, por un error involuntario, que el manual debía aprobarse por mayoría calificada. Sin embargo, la normativa establece que el manual de convivencia se aprueba por mayoría simple. Aclarar este punto es fundamental, pues garantiza un proceso viable, ajustado a la ley y respetuoso de la voluntad colectiva.

  • Convivencia, no castigo

    El manual de convivencia no busca sancionar, sino mejorar la vida comunitaria. Su aprobación representa un compromiso con el respeto mutuo, la equidad y la construcción de relaciones más sanas entre vecinos, fortaleciendo la convivencia y la confianza en la copropiedad.

  • Socialización formal y evidencia de entrega

    Una vez aprobado el manual de convivencia, la administración deberá socializarlo de manera integral, garantizando que todos los copropietarios y residentes lo conozcan. Este proceso incluirá la entrega del documento por medios físicos o digitales, dejando evidencia de su recepción, de modo que ninguna persona pueda alegar desconocimiento de las normas que rigen la vida en comunidad.

  • Campañas pedagógicas y normas sensibles

    La implementación no se limita a la entrega del documento. Se desarrollarán campañas de socialización enfocadas especialmente en las normas más sensibles y en aquellas relacionadas con infracciones frecuentes o recurrentes. El objetivo es fortalecer la cultura de convivencia, fijar comportamientos adecuados y prevenir conflictos antes de que se presenten.

  • Aplicación oportuna para una convivencia real

    El manual será implementado en el menor tiempo posible, con el propósito de no dilatar la construcción de un entorno basado en el respeto, la tranquilidad y la equidad. Su aplicación oportuna permitirá que todos los actores de la copropiedad cuenten con reglas claras y un marco común para una convivencia sana y sostenible.

El valor de convivir mejor

Conservación y valorización de nuestro patrimonio

Nuestra copropiedad no es solo un conjunto de edificaciones; es el resultado de años de esfuerzo, ahorro y decisiones de vida. Muchos propietarios hemos construido aquí nuestro hogar con la expectativa de estabilidad y tranquilidad. Con el paso del tiempo, el valor de una propiedad no depende únicamente de su ubicación o tamaño, sino de la calidad de vida que ofrece su entorno. La convivencia es un activo silencioso que influye directamente en la valorización.

Un manual de convivencia claro y aplicado protege ese valor intangible que perciben compradores, arrendatarios y visitantes: el orden, el respeto y la armonía. En una copropiedad organizada, los conflictos disminuyen, las zonas comunes se cuidan mejor y la reputación del conjunto se fortalece. Esto se traduce en mayor demanda, mejores precios y mayor tranquilidad patrimonial.

Para muchos propietarios, vender barato para comprar caro no es una opción viable. Por eso, conservar y fortalecer el valor de lo que ya tenemos es una decisión inteligente. Aprobar el manual de convivencia es invertir en estabilidad, proteger nuestro patrimonio y asegurar que nuestro hogar siga siendo un lugar deseable hoy y en el futuro.

Tranquilidad para vivir, no para defenderse

El hogar debería ser el espacio donde encontramos descanso, seguridad y bienestar. Sin embargo, cuando no existen reglas claras, la convivencia puede convertirse en una fuente constante de tensión. Malentendidos, discusiones repetitivas y conflictos innecesarios afectan no solo la relación entre vecinos, sino también nuestra tranquilidad emocional.

Un manual de convivencia bien definido reduce la incertidumbre. Saber qué está permitido, cómo actuar ante un conflicto y cuáles son los canales adecuados para resolver diferencias nos libera de la necesidad de confrontar o defendernos permanentemente. La claridad genera paz, y la paz mejora la calidad de vida.

Vivir en comunidad no significa renunciar a la tranquilidad personal, sino aprender a compartir espacios bajo normas justas. El manual no impone silencios forzados ni limita libertades injustificadas; por el contrario, establece acuerdos básicos que protegen el derecho de todos a vivir bien.

Aprobar el manual de convivencia es elegir un entorno donde los problemas se resuelven con normas, no con discusiones; con procedimientos, no con enfrentamientos. Es recuperar la tranquilidad de vivir en casa, no en conflicto.

Reglas iguales para todos

Una de las principales causas de inconformidad en la vida comunitaria es la percepción de trato desigual. Cuando las normas no están claras, aparecen interpretaciones personales, privilegios implícitos y decisiones que dependen de quién esté a cargo. Esto debilita la confianza y fragmenta la comunidad.

El manual de convivencia establece reglas iguales para todos, sin excepciones ni favoritismos. No importa el tiempo que alguien lleve viviendo en la copropiedad, su rol o su cercanía con la administración: las normas son comunes y aplican de la misma manera. Esa igualdad es la base de una convivencia justa.

Cuando las reglas son claras y conocidas, desaparecen los rumores, las suposiciones y los reclamos innecesarios. Las decisiones dejan de ser personales y pasan a ser institucionales. Esto fortalece la credibilidad de la administración y devuelve a la comunidad la sensación de equidad.

Aprobar el manual de convivencia es decir sí a la justicia cotidiana. Es aceptar que vivir en comunidad implica respetar acuerdos comunes y confiar en que todos estamos sujetos a las mismas reglas, sin arbitrariedades ni interpretaciones subjetivas.

Prevención en lugar de conflicto

La mayoría de los conflictos en una copropiedad no nacen de la mala intención, sino de la falta de claridad. Cuando no existen reglas bien definidas, cada persona actúa según su criterio, lo que inevitablemente genera choques. El conflicto, en muchos casos, es el resultado de la improvisación.

Un manual de convivencia actúa como una herramienta preventiva. Orienta comportamientos, aclara límites y ofrece soluciones antes de que los problemas escalen. En lugar de reaccionar cuando el conflicto ya está instalado, el manual educa y guía para evitarlo.

La prevención ahorra tiempo, energía y desgaste emocional. Menos conflictos significan menos discusiones en asambleas, menos tensiones entre vecinos y menos intervenciones correctivas. Una comunidad que previene es una comunidad que vive mejor.

Aprobar el manual de convivencia es apostar por la anticipación y el diálogo, no por la confrontación. Es entender que las reglas no existen para castigar, sino para evitar que los conflictos aparezcan y se repitan. Es construir una convivencia basada en la previsión y el respeto mutuo.

Comunidad con futuro

Pensar en el manual de convivencia no es solo atender las necesidades del presente; es proyectar el futuro de la copropiedad. Las comunidades que se organizan, que definen reglas claras y que respetan los procesos colectivos son las que perduran en el tiempo con mejores condiciones de vida.

El manual de convivencia deja un legado. Facilita la adaptación de nuevos residentes, orienta a futuras administraciones y evita que cada cambio implique empezar de cero. Es una base sólida sobre la cual se construye continuidad, estabilidad y progreso.

Aprobar el manual es un acto de responsabilidad colectiva. Es reconocer que nuestras decisiones de hoy impactan la calidad de vida de quienes vivirán aquí mañana. Es dejar una copropiedad más ordenada, justa y respetuosa para las próximas generaciones.

Una comunidad con reglas claras es una comunidad que mira hacia adelante. El manual de convivencia no es un documento más: es una declaración de compromiso con el futuro, con la convivencia y con el bienestar común.

Voces Institucionales

Perspectivas de los distintos actores que hacen parte de la vida de la copropiedad. Sus palabras reflejan una visión compartida sobre la importancia de contar con un manual de convivencia claro, legítimo y aprobado por la asamblea. Más allá de roles y funciones, estas voces coinciden en un mismo propósito: fortalecer el respeto, la transparencia y la armonía como bases fundamentales de nuestra convivencia.